martes, 19 de agosto de 2008

NECRÓFILO.


¿Qué está haciendo todo el mundo? ¿Yendo a su casa? Veo rostros similares, casi todos tienen las mismas expresiones. Se puede incluso hacer una clasificación entre las personas, en una sencilla expresión puedo dar cuenta de qué tipo son.

Continúa oscureciéndose, las calles se vuelven cada vez más solitarias. Cuando todos se encuentran dormidos yo despierto, en la noche, para realizar mis placenteras tareas nocturnas. Camino como siempre hacia mi trabajo y veo algunas caras frías, rostros de personas que repugnan a la madre tierra por sus sintéticas vidas en una matriz creada por ellos mismos, que los encierra sin darse cuenta, dependiendo de tonterías que sólo los llevan a convertirse en víctimas de mi deseo de consumirlas.
No dejan ver su bella naturaleza, le temen, se avergüenzan de ella, tratan de taparla con accesorios innecesarios, sólo cuando se encuentran inertes, tiesos y bien fríos esperando a ser preparados para su ataúd, puedo visualizar un poco de su belleza natural.

Un cuerpo tan magnífico, que puede realizar tantas cosas, tanto daño, tanto dolor, tanta pasión, tanta alegría… la mayoría de cuerpos masculinos, sólo cumplo con mi función de prepararlos para que se vean bien en su ataúd. En cambio, esos cuerpos femeninos, aquellos que generan tanta pasión, deseo y algo más de ternura… es inevitable no tocarlos.

Las noches de insomnio me consumen en una gran ansiedad, por eso trabajo de noche, cuando todo se halla en silencio, en soledad. Ni las pastillas ayudan mucho para conseguir algo de descanso en los ojos, sólo duermo un rato en las mañanas, por la tarde busco mi víctima y en la noche la consumo.
Mi pasión, más bien mi vicio, siempre me lleva a cuestionarme algunas cosas en la humanidad, cosa que casi siempre pienso en las tardes, en medio de mi soledad. Sólo cruzo algunas palabras entre el personal de la morgue, un saludo con los vecinos, si alguien cortésmente me saluda por las calles, trato de voltear la mirada, creo que no me volvería a saludar si supiera que mi mente vería feliz sus cuerpos tiesos en la morgue, preparándolos para que no vuelvan a caminar por esta tierra.
Desde joven me han agobiado mis estudios y cortar cuerpos inertes. Tuvo algo positivo para mí ser destacado en la facultad de medicina, aunque mis pacientes no dirían lo mismo…


La policía se ha puesto alerta frente a la situación de tantas mujeres desaparecidas tan extrañamente, sin rastro alguno, sin indicios, sencillamente una noche no llegaron a sus casa, para no volver.
En especial hay un detective que trata estos casos en particular. Tan obsesivo en encontrar el culpable de estas desapariciones, como yo al poseer a mis víctimas en un ritual que he idealizado para el máximo disfrute de mi placer. A este hombre le repugno y le causo mucho asco, sin saber quién soy, se desbocó en obsesión cuando su hermana fue una de mis víctimas.

No siempre mato personas para satisfacer mi cuerpo, la mayoría de veces simplemente llegan cuerpos a preparar para sus funerales, en el silencio de la noche aprovecho para realizar lo que muchos considerarían repugnante. Nadie tiene ojos iguales a los míos, repugnante es ver como se prostituye la naturaleza e ingenio humano, ante ambiciones inútiles, repugnante es saber como la humanidad disfruta placenteramente su no libertad, y los poco conscientes sólo se quejan que ‘el sistema no es lo que en realidad debería y podría ser’. Yo sólo les robo un poco de sí en medio de su sueño eterno.

Septiembre, ya los árboles empiezan a secar sus hojas, ya nada parece tan divertido para las personas en esta época, empiezan las lloviznas y es sólo un día más de trabajo, como siempre reviso la lista de nuevos invitados a la morgue: muerte por suicidio, asesinato por un robo, homicidio por amor, accidente automovilístico, quemadura, puñalada, la misma aburrida rutina, pero igual sigo apasionado a mi trabajo. La lluvia me crea cierto interés por explorar el mundo, aunque nunca lo he hecho. Me arriesgaré esta vez. Casi nunca me ha interesado tener algo que ver con la humanidad, sólo tuve una novia a los quince años y no volvió a interesarme ese tipo de cosas, a excepción de mis amantes inertes.

He decidido salir a explorar un poco los alrededores, caminar por lugares que no he pisado, quizás vaya al zoológico. Al caminar casi siempre analizo todo lo que veo, desde algunas personas y sus gestos, hasta la curiosa forma de los árboles en las aceras. Entré a un café-restaurante a beber algo y fumar un cigarrillo, me gusta nadear mientras corre el tiempo. Cayó la noche, y hubo algo que llamo mi atención.

Se sentó en la mesa de al lado, pidió un capuchino y sacó de su bolso un libro, comenzó a leer. Me creó un poco de curiosidad ese cuerpo femenino, empecé a detallar, estaba muy concentrada en su lectura, leía rápidamente, era como si se estuviera consumiendo el libro como un drogadicto se inyecta su dosis diaria. No paraba de mirarla. Detallaba cada suspiro, cada cambio de postura, cada movimiento de manos y pie, cada mordida de labios.

Pasada casi una hora guardó su libro, pago la cuenta y salió del café en medio del a noche, no pude evitar seguirla. Me resultó muy curioso, aquél ser delicado. Se dirigía hacia una calle sola, un lugar rodeado de edificios, donde los hogares los separa una pared, donde nadie parece importante. Abrió su bolso, sacó las llaves de su apartamento, abrió la puerta y entró a su casa.
Un rato después me marché hacia la morgue en medio de la lluvia. Había poco trabajo, menos muertes, salí temprano de la morgue.

Camino a casa me encontraba un poco inquieto por aquella mujer. ¿Qué era lo curioso en ella? ¿Por qué mi mente se dirigía a pensar en ella? Todavía no logro descubrir la respuesta de estas preguntas.

Al día siguiente fui hacia el supermercado, sólo a comprara algunas cosas necesarias, casualmente en la sección de lácteos se encontraba ella buscando algún producto. ¿A qué se debe esto? ¿Alguna causa extraña del cosmos hizo que volverá a aparecer ante mí?
No es casual encontrar que viste sólo una vez el día anterior y aparezca donde estás al otro día, como si hubiera sido alguna conexión extraña. Aunque de igual modo no creo en supersticiones.
Después de estos pensamientos me alejé hacia la registradora para pagar las cosas que había de comprar.
De camino a casa leí un poco el periódico: ‘’adolecente sicópata mata a tres de sus compañeras y luego se suicida’’. Será un día interesante. Llegue a casa, dejé las bolsas de compra en la cocina, tomé un jugo y me dirigí hacia la morgue para ver si podía tomar el caso de la noticia.
Oportunamente se eme fue dado el caso. Un muchacho de 17 años con problemas neuróticos, rechazado y discriminado por sus compañeros, sobretodo los del sexo femenino debido a sus problemas mentales, un día decidió equipar un arma para descargarla en el próximo que osara reírse de él.

Por supuesto tres muchachas, compañeras de su colegio, al verlo caminar por el pasillo, empezaron a decirle cosas que no eran de su mayor agrado, el resto de los muchachos les siguieron el juego y le decían al joven cosas degradantes, en medio de la bulla y la exaltación que ya tenía el muchacho, sacó su arma y disparó rápidamente a las tres mujeres en cuello, cabeza y pecho. Después de esto la multitud de jóvenes quedó muda, aturdidos, aterrorizados por lo que acababa de pasar, mientras que el pobre muchacho sólo satisfacía sus deseos reprimidos y los daba a luz por medio de la venganza con sangre, lo cual se desenvuelve en un gran y satisfactorio orgasmo al desquitar sus muchas emociones, que caduca con la muertes de estas tres jóvenes. Al momento, en el afán del remordimiento decide descargar la última bala en sí mismo, para ‘acabar’ con su tragedia.

Qué bonito. Se asemeja a algunos casos en particular. El delicioso terror de los espectadores, algunos gritando, algunos en shock, algunos corriendo, ése es el respeto por un asesino: el miedo.
Pero estos casos son pasajeros, no de mayor importancia.

El investigador sospechó de mí por los casos extraños sobre las mujeres, había tratado un poco conmigo para recibir los informes forenses sobre las víctimas y notó cierta atmosfera extraña a mí alrededor, algo que tal vez fue sólo previsible para él, quizás sabía bien el aspecto de un asesino serial. Decidió investigarme, halló algunas pruebas, iba a por mí.

La semana siguiente fui consecutivamente al café a ver si podría dar con el encuentro de la mujer inquietante. El día jueves di con ella. Cuando salió la seguí por más tiempo. Me quede toda la noche cerca de su casa para ver si salía otra vez o a ver qué resultaba. En la madrugada salió de su casa, probablemente iba a trabajar, entré en su casa sigilosamente por una ventana que se encontraba sin seguro. Mire algunas cosas, revise algunos de sus papeles. En un recibo aparecía su nombre: Louisa Hadley, curioso nombre. Parecía no ser de aquí.

Unas horas más tarde regresó a su casa, cambió su ropa y rápidamente volvió a salir de su casa. La seguí. Me invadía el deseo de poseerla, este sentimiento crecía cada vez más y más, casi a punto de la obsesión, rara vez me pasaba esto con alguna de mis víctimas. Ella seguía caminando por la calle oscura, de repente, apareció un sujeto de la nada, estaba armado, le pidió su bolso, ella se negó, yo estaba a unos buenos metros lejos de ellos, ella se rehusó a que la robaran y forcejeó con el ladrón, el ladrón no dejaría que escapara, sabía a lo que iba. Salí corriendo hacia ellos, no me habían visto. Ella insultó al ladrón y lo abofeteó, enardecido el ladrón le disparó en el pecho, le quitó el bolso y se disponía a salir corriendo, llegué en ese momento sorpresivamente y le aseste un golpe en la cabeza, le quite el arma y le disparé a quema ropa. Fui tras louisa, estaba muy aturdida, me miraba con cierta extrañez. Trate de llevarla a urgencias, pero era demasiado tarde, en el camino moría en mis brazos, pensé que era inútil y la lleve a la morgue.

Llegue desenfrenadamente desesperado, sentía demasiada frustración el que le robaran la vida a esta mujer, vida que sólo me pertenecía a mí. En medio de la exaltación comencé a tocarla, a sentirla a consumirme su carne en un ritual de deseo desaforado.
El detective no soportaría más, supo sobre el escándalo en la calle 90, una mujer gritando, vecinos consternados, sonidos de disparos, un hombre muerto, podría sonar a un asesino ya buscado. Se dirigió directamente a mi puesto.
Decidido a detenerme, pasó por encima de las reglas de la morgue, hasta llegar donde me encontraba. Y justamente en aquel momento de pasión necrófila llegó interrumpiendo, descubriéndome en mi total perversión. Me detuvo junto con otros oficiales.
Fui condenado a la silla eléctrica, extrañaré a mi Louisa Hadley, soy una amenaza para la sociedad…




miércoles, 13 de agosto de 2008

DIMENSIÓN.



Continúo caminando entre los vivos... En una simple calle, en medio del atardecer, se oscurece cada vez más. a medida que voy a caminando, veo a mi alrededor, personas pasan hacia sus propios destinos, las luces de las edificaciones se empiezan a enceder, mi mundo empieza a cambiar. los edificios, las calles, las aceras, las casas, se van disolviendo en la oscuridad, continuan desapareciendo, empiezan a convertirse en hiervas, de repente, las calles se van transformando cada vez más en senderos de un bosque. los edificios desaparecen y comienzan a brotar árboles, aumenta el pasto. Un frío agudo se expande entre mi cuerpo. ya no hay ciudad industrial, de rápidamente noto que sólo queda un denso bosque hacia donde se fija mi mirada. ¿qué ha ocurrido? ¿acabo de enloquecer? ¿he entrado a otra dimensión? los seres se han dispersado, sólo queda mi presencia en medio de la soledad entre los árboles. Un deseo incontrolado me lleva a correr entre aquellos árboles, corro y corro, sin ver nada más que naturaleza a mi alrededor. continuo corriendo. Desesperación desembocada en locura me invade al no encontrar una salida, es un tipo de locura que se disfruta, mientras sigo corriendo, mi espiritu vuela entre los arboles, salvaje, en un viaje de luces e imaginación brotados de una mente soñadora. El olor a fresco, demasiado oxígeno distorcionan algunos de los pocos sentidos de razón que mi cerebro me impone. El corazón quiere salir, exaltado, se mueve y se mueve, palpita, parece que quisiera estallar, va en busca del encuentro con mi espíritu. Tanta felicidad recorre por mis venas, en cada parte de mi cuerpo, se destaponan las suciedades. Paro por un instante y veo un roble viejo y muy alto, decido ir a su compañía, me dirijo hacia este simple árbole, que parece seducir mi espíritu, lo clama, lo pide, abrazo el árbol, siento como la savia de una energía se conecta con la de mi espíritu, ya se encuentran fusionados en un sólo ser que sale de mi cuerpo dejándolo tirado en un estado de inconciencia y sueño, mientras este otro espíritu, fusionado con el mío, recorremos espacios indefinibles, simples longitudes que no tienen nombre ni son destinos de nadie, que no tienen sentido o razón a toda velocidad, un espacio en el que estos espíritus fusionados en uno no se quedan, solamente navegan entre una nada que les traspasa energía vital que tapona todos los sentidos, felicidad, he llegado a gaia...
-Señor, señor. ¿se encuentra usted bien?- me pregunta un sujeto temblorosamente
aturdido miro una multitud, escucho murmullos.
-¿Se encuentra usted bien?. lo vimos haciendo cosas sin sentido en las calles, y hablando una lengua extraña.
-miles de preguntas pasan por mi cabeza, ¿qué ha sucedido?
-Señor responda, sus actos no son normales...
-con un poco de frialdad y confusión respondo:
-He sufrido otro ataque de esquisofrenia...